Andaba de ocioso cuando se me ocurrió escribir precisamente sobre eso, el ocio, y me puse a buscar información en Internet. Para mi sorpresa, en la enciclopedia global Güisquipedia encontré no sólo una definición impecable de la palabra ocio sino que además me enteré de que hubo una escuela y una corriente de pensamiento del ocio, encabezadas ambas por un tal Dipsómano de Alcurnia, personaje fascinante. Hay mucha información. Trataré de condensarla y honrar brevemente aquí a uno de los grandes filósofos de la Antigüedad, hoy casi olvidado por el público: Tulio Dipsómano de Alcurnia, llamado el Ocioso.
Dipsómano nació en la citada isla de Alcurnia, ciudad-estado ubicada en el vinoso Egeo, en el año 123 de nuestra era, de padre griego, Pletórico de Anforitas, y madre latina, Lucía Quinta Francachela. Desde temprana edad asistió a la Academia de Etilo, donde se educaba a los niños bajo un principio de libertad absoluta: que ellos decidieran si querían estudiar o no. Dipsómano, ante esa disyuntiva, pasó sus primeros años escolares en un lugar que abrieron justo enfrente de la Academia y que se llamaba La taberna de Platón o algo así.
La Academia de Etilo fue el antecedente directo de las modernas escuelas Montessori.
Pero ya me desvié.
Con el tiempo, Dipsómano fue formando una tertulia con otros grandes cuanto sedientos pensadores de Alcurnia: Empínacles, Briagales el Breve, Briagales el Extenso, Bacacho, Lentovino, etc.
Cierto día, uno de los contertulios, Tércules llamado el Necio, desafió a Dipsómano diciéndole que, si tan listo se creía, resolviera la paradoja de la flecha. Ya se sabe. Aquella que dice que si un arquero dispara una flecha, ésta irá de A a B, pero antes deberá llegar a un punto intermedio C, y antes de C, a un punto intermedio D, y antes de D, a un punto intermedio E, y así hasta el infinito, de manera que la flecha no llegará nunca a B. Dipsómano tomó un arco y una flecha, le pidió a Tércules que se pusiera al fondo, bien pegado a la pared, le apuntó al corazón y disparó. Tércules halló, en el terreno de lo práctico, la respuesta a sus dudas.
Luego hay una laguna en la vida de nuestro filósofo pues al parecer tuvo que salir por piernas de Alcurnia, acusado de intento de homicidio. Fue la injusticia de siempre: la autoridad, supersticiosa, que no entiende de razonamientos y es enemiga jurada del progreso intelectual.
Paradójicamente, durante el exilio, Dipsómano compuso no pocas paradojas, la mayoría de las cuales se han perdido. Apenas unas cuantas han llegado hasta nosotros gracias a la tradición oral de Occidente y, en especial, a la de cientos de tertulianos que las han repetido con fervor sentados (en el mejor de los casos) alrededor de una mesa, una vela y alguna bebida espiritosa. La más célebre paradoja de Dipsómano es quizá la del cuchillo, que transcribo enseguida:
"En un cuchillo, ¿qué es más importante: el filo o el mango?
¿El filo, dice?
Si el cuchillo es un puro filo, ¿de dónde lo sujeta?
Y si es un puro mango, ¿con qué corta?".
Esta paradoja ha tenido decenas de interpretaciones, pero ninguna convincente. Y dadas mis limitaciones, no intentaré una más.
Podría seguir y seguir escribiendo sobre este titán grecolatino, que hizo del ocio una escuela y una corriente de pensamiento, como decía al principio. Pero no quiero abusar. Pongamos punto final a esta entrada. Si alguien desea saber más de Dipsómano de Alcurnia, búsquelo en Internet.
Si lo encuentra, me avisa.
Dipsómano nació en la citada isla de Alcurnia, ciudad-estado ubicada en el vinoso Egeo, en el año 123 de nuestra era, de padre griego, Pletórico de Anforitas, y madre latina, Lucía Quinta Francachela. Desde temprana edad asistió a la Academia de Etilo, donde se educaba a los niños bajo un principio de libertad absoluta: que ellos decidieran si querían estudiar o no. Dipsómano, ante esa disyuntiva, pasó sus primeros años escolares en un lugar que abrieron justo enfrente de la Academia y que se llamaba La taberna de Platón o algo así.
La Academia de Etilo fue el antecedente directo de las modernas escuelas Montessori.
Pero ya me desvié.
Con el tiempo, Dipsómano fue formando una tertulia con otros grandes cuanto sedientos pensadores de Alcurnia: Empínacles, Briagales el Breve, Briagales el Extenso, Bacacho, Lentovino, etc.
Cierto día, uno de los contertulios, Tércules llamado el Necio, desafió a Dipsómano diciéndole que, si tan listo se creía, resolviera la paradoja de la flecha. Ya se sabe. Aquella que dice que si un arquero dispara una flecha, ésta irá de A a B, pero antes deberá llegar a un punto intermedio C, y antes de C, a un punto intermedio D, y antes de D, a un punto intermedio E, y así hasta el infinito, de manera que la flecha no llegará nunca a B. Dipsómano tomó un arco y una flecha, le pidió a Tércules que se pusiera al fondo, bien pegado a la pared, le apuntó al corazón y disparó. Tércules halló, en el terreno de lo práctico, la respuesta a sus dudas.
Luego hay una laguna en la vida de nuestro filósofo pues al parecer tuvo que salir por piernas de Alcurnia, acusado de intento de homicidio. Fue la injusticia de siempre: la autoridad, supersticiosa, que no entiende de razonamientos y es enemiga jurada del progreso intelectual.
Paradójicamente, durante el exilio, Dipsómano compuso no pocas paradojas, la mayoría de las cuales se han perdido. Apenas unas cuantas han llegado hasta nosotros gracias a la tradición oral de Occidente y, en especial, a la de cientos de tertulianos que las han repetido con fervor sentados (en el mejor de los casos) alrededor de una mesa, una vela y alguna bebida espiritosa. La más célebre paradoja de Dipsómano es quizá la del cuchillo, que transcribo enseguida:
"En un cuchillo, ¿qué es más importante: el filo o el mango?
¿El filo, dice?
Si el cuchillo es un puro filo, ¿de dónde lo sujeta?
Y si es un puro mango, ¿con qué corta?".
Esta paradoja ha tenido decenas de interpretaciones, pero ninguna convincente. Y dadas mis limitaciones, no intentaré una más.
Podría seguir y seguir escribiendo sobre este titán grecolatino, que hizo del ocio una escuela y una corriente de pensamiento, como decía al principio. Pero no quiero abusar. Pongamos punto final a esta entrada. Si alguien desea saber más de Dipsómano de Alcurnia, búsquelo en Internet.
Si lo encuentra, me avisa.
***























