miércoles 21 de octubre de 2009

Llamado el Ocioso

Bonita imagen.

Andaba de ocioso cuando se me ocurrió escribir precisamente sobre eso, el ocio, y me puse a buscar información en Internet. Para mi sorpresa, en la enciclopedia global Güisquipedia encontré no sólo una definición impecable de la palabra ocio sino que además me enteré de que hubo una escuela y una corriente de pensamiento del ocio, encabezadas ambas por un tal Dipsómano de Alcurnia, personaje fascinante. Hay mucha información. Trataré de condensarla y honrar brevemente aquí a uno de los grandes filósofos de la Antigüedad, hoy casi olvidado por el público: Tulio Dipsómano de Alcurnia, llamado el Ocioso.

Dipsómano nació en la citada isla de Alcurnia, ciudad-estado ubicada en el vinoso Egeo, en el año 123 de nuestra era, de padre griego, Pletórico de Anforitas, y madre latina, Lucía Quinta Francachela. Desde temprana edad asistió a la Academia de Etilo, donde se educaba a los niños bajo un principio de libertad absoluta: que ellos decidieran si querían estudiar o no. Dipsómano, ante esa disyuntiva, pasó sus primeros años escolares en un lugar que abrieron justo enfrente de la Academia y que se llamaba La taberna de Platón o algo así.

La Academia de Etilo fue el antecedente directo de las modernas escuelas Montessori.

Pero ya me desvié.

Con el tiempo, Dipsómano fue formando una tertulia con otros grandes cuanto sedientos pensadores de Alcurnia: Empínacles, Briagales el Breve, Briagales el Extenso, Bacacho, Lentovino, etc.

Cierto día, uno de los contertulios, Tércules llamado el Necio, desafió a Dipsómano diciéndole que, si tan listo se creía, resolviera la paradoja de la flecha. Ya se sabe. Aquella que dice que si un arquero dispara una flecha, ésta irá de A a B, pero antes deberá llegar a un punto intermedio C, y antes de C, a un punto intermedio D, y antes de D, a un punto intermedio E, y así hasta el infinito, de manera que la flecha no llegará nunca a B. Dipsómano tomó un arco y una flecha, le pidió a Tércules que se pusiera al fondo, bien pegado a la pared, le apuntó al corazón y disparó. Tércules halló, en el terreno de lo práctico, la respuesta a sus dudas.

Luego hay una laguna en la vida de nuestro filósofo pues al parecer tuvo que salir por piernas de Alcurnia, acusado de intento de homicidio. Fue la injusticia de siempre: la autoridad, supersticiosa, que no entiende de razonamientos y es enemiga jurada del progreso intelectual.

Paradójicamente, durante el exilio, Dipsómano compuso no pocas paradojas, la mayoría de las cuales se han perdido. Apenas unas cuantas han llegado hasta nosotros gracias a la tradición oral de Occidente y, en especial, a la de cientos de tertulianos que las han repetido con fervor sentados (en el mejor de los casos) alrededor de una mesa, una vela y alguna bebida espiritosa. La más célebre paradoja de Dipsómano es quizá la del cuchillo, que transcribo enseguida:

"En un cuchillo, ¿qué es más importante: el filo o el mango?

¿El filo, dice?

Si el cuchillo es un puro filo, ¿de dónde lo sujeta?

Y si es un puro mango, ¿con qué corta?".

Esta paradoja ha tenido decenas de interpretaciones, pero ninguna convincente. Y dadas mis limitaciones, no intentaré una más.

Podría seguir y seguir escribiendo sobre este titán grecolatino, que hizo del ocio una escuela y una corriente de pensamiento, como decía al principio. Pero no quiero abusar. Pongamos punto final a esta entrada. Si alguien desea saber más de Dipsómano de Alcurnia, búsquelo en Internet.

Si lo encuentra, me avisa.

***

miércoles 7 de octubre de 2009

Para darse un quemón


Hace mucho que no publicamos un cuento en este caos llamado BALAS DE TINTA. Y como que va siendo hora. Ya estuvo bueno de hablar de cuarentones achacosos.

Lo que hoy ofreceremos al respetable es una pieza compuesta hace diez años, de puros retazos y fusiles. Tiene, quizá, algo de chispa. Quizá. Quién sabe. Misteriosa e irresponsablemente, la editorial mexicana CIDCLI lo convirtió en cuadernillo. Y según me dicen, se vendió bastante bien: mi madre, sola, agotó la edición.

Pero basta de rollos y presunciones.

Señoras y señores, niñas y niños, ante ustedes, completito...

***

EL INVENCIBLE Y MALVADO DRAGÓN CURIAMBRO

CONTADO POR EL ESCRIBANO DE LA CORTE

DON ALONSO DE NÚÑEZ Y SARRAPY,

DE LA GRAN ORDEN DE LOS DEUDORES MENDICANTES

***

Una sombra diablesca se extendió por el campo de trigo. Los campesinos, que habían dejado de cortar las espigas y miraban el cielo, dieron la voz de alarma:

—¡Un dragón, un dragón! ¡Sálvese quien pueda!

Y, soltando sus herramientas, corrieron a toda prisa.

El monstruo cayó en picada hacia el trigal, arrojó fuego por la boca e incendió en cuestión de segundos aquel hermoso sembrado. Luego se posó en un peñasco cercano y dijo a los labradores:

—¡Alto ahí, hombrecillos cobardes! ¡Empleen mejor sus energías! Vayan a comunicar al rey que yo, el invencible y malvado Curiambro, destruiré la nación entera si él no accede a mis peticiones. Y la primera de ellas consiste en lo siguiente: mañana, al amanecer, deberá depositar en la caverna de Beltenebros todo el oro y todas las joyas de la corona... ¿Quedó claro?

Los otros asintieron temblorosos. Entonces el muy socarrón hizo una reverencia y remató:

—Que pasen un bonito día, señores.

Y se elevó como si nada, batiendo sus negras alas.

***

Ni tardos ni remolones, los labriegos se presentaron en el castillo y solicitaron al mayordomo una audiencia con el rey. El criado, al ver en ellos semejantes expresiones de horror, les concedió de inmediato la entrevista. Los campesinos se metieron a empujones en el salón del trono y repitieron ante el monarca la demanda del feroz animal. En el momento en que terminaron su exposición, el rey, que se rascaba pensativo la barbilla, afirmó:

—De modo que eso quiere el invisible dragón Con Hambre...

—Curiambro, Su Majestad —corrigió uno de los aldeanos—, invencible dragón Curiambro.

—Así es la verdad. Pero menuda sorpresa le aguarda al inservible dragón... ¿Cómo dices que se llama?

—Curiambro.

—¡Ése! A fe mía que no recibirá ni una sola moneda. Al contrario: enviaré a mis mejores hombres, caballeros duchos en las artes de la guerra y de la caza, que con la fuerza de sus poderosos brazos doblegarán en un instante la voluntad del monstruo. ¡Ya lo creo! ¡A ver, mayordomo, convoca enseguida a la crema de mi ejército!

—Sí, señor.

***

Esa misma tarde, varios hombretones cubiertos con pesadas armaduras permanecían inmóviles frente al rey. Allí estaban, por ejemplo, el Caballero de la Media Luz, que era tuerto, el del Aligerado Brazo, que era manco, y el de la Solitaria Pierna, que era cojo: auténticos sansones, todos ellos, cuyas heridas habían sido cobradas en combate.

El soberano se paseó orgulloso ante sus soldados de confianza y les refirió palabra por palabra lo que había acontecido. Éstos, encantados de servir a su amo, juraron que volverían con la cabeza del dragón a rastras, gritaron "hurra" tres veces y se marcharon al patio para afilar sus espadas y preparar la expedición.

Al día siguiente, muy de mañana, partieron del castillo montando sus corceles y entonando un cántico de guerra:

Tararí, tarará,
esa cholla rodará;
tararí, tarará,
la justicia triunfará.

Tan pronto como arribaron a la cueva donde el espantajo se refugiaba, uno de los jinetes, el Caballero del Ronco Pecho, portavoz del grupo, se apeó del cuadrúpedo, avanzó hacia la gruta y ordenó en tono marcial:

—Sal de tu escondite, como quiera que te llames (que nuestro monarca no supo aclararnos esto), y di que te retractas de haber desafiado al más poderoso gobernante que han conocido los siglos, o si no, con nosotros reñirás a muerte.

—¡No me digas! ¡Qué miedo! —respondió Curiambro desde lo profundo de la cueva y, saliendo al encuentro de su gallardo retador, sin más contemplaciones, descargó sobre él un vigoroso manotazo.

Cuando los campeadores vieron que su colega se convertía en puré, arremetieron contra el asesino. Pero las fuerzas del monstruo superaban por mucho a las de los guerreros, de modo que aquél se dio gusto aplastando a unos, comiéndose a otros y achicharrando a los demás. El campo de batalla humeaba por doquier y olía a chamusquina. Al final, sólo un militar quedó con vida. Curiambro lo sujetó del cuello y le dijo:

—Viles y cautivas criaturas, ¿cómo se atrevieron a retarme a sabiendas de que soy invencible? Adviértele al mentecato del rey que el precio acaba de subir, pues aparte del oro y las alhajas deberá entregarme su más valiosa posesión: ¡la princesa Madásima, su hija! De lo contrario, no dejaré piedra sobre piedra en este reino. Y más le vale apresurarse, pues se agota mi paciencia. ¿Entendiste? ¡Qué bueno! ¡Ahora lárgate si no quieres servirme de postre!

Mientras el caballero se alejaba cojeando, Curiambro se limpió los dientes con una espada y sonrió.

No fue una sonrisa agradable.

***

Cerca del anochecer, ante las miradas atónitas del rey y sus cortesanos, el superviviente repitió al pie de la letra el mensaje de la bestia. Al oír la desaforada petición, un paje, que estaba enamorado en secreto de la bella princesita, no pudo contenerse y prorrumpió en grandes voces:

—¡Naranjas de la China! ¡Naranjas de la China! Su Majestad, yo sé cómo vencer a ese engendró de Belcebú.

Los presentes se desternillaron de risa. Solamente la princesita guardó silencio y observó con dulzura a su inesperado paladín. No le pareció de malos bigotes.

—No, de veras. ¡Bríndeme una oportunidad, señor! ¡Se lo pido de rodillas! Escuche. Éste es mi plan...

Y se lo expuso al monarca.

—Tu ingenio y determinación —dijo el rey al final— me dejan suspenso. Parte, valiente pajecillo, y que el cielo se compadezca de ti... ¡Ah!, por cierto, ya que piensas acometer solo esta aventura, deseo que te sigan a hurtadillas algunos escribanos de la corte para que den fe del buen término de tu empresa o, en su defecto, de tu mala fortuna, que en Dios confío que será de lo primero.

—¡Gracias, mi señor! —respondió el paje—. No lo defraudaré.

—Ay, padre mío —dijo entonces la doncella—, si tu esforzado y apuesto súbdito regresa victorioso al castillo, yo recompensaré su noble acción casándome con él... Claro, si tú no tienes inconveniente en ello.

—Ninguno, hijita, ninguno —contestó el rey—. Aprobaría ese casamiento con muchísimo gusto.

Así que oyó estas palabras, el paje se arrojó a los pies de su amada y, besándoselos, aseguró que por ella pelearía con todos los dragones del planeta si fuese necesario, y se puso en camino sin perder tiempo, seguido de cerca por los observadores reales.

Innumerables estrellas titilaban en el firmamento.

***

Al rayar el sol, el paje se internó en la cueva de Curiambro.

—Espero que hayan satisfecho puntualmente mi exigencia —bramó el dragón en cuanto oyó los pasos del mozo.

—¡Oh, flor y espejo de los reptiles flamígeros, temo decirle que no!

Un rugido de furia estremeció las paredes. El monstruo agarró al chico, lo zarandeó y lo arrojó hasta el extremo de la guarida.

A pesar del molimiento, el muchacho se levantó del suelo como pudo.

—No me mate, no me mate —rogó caminando hacia el lagarto y quitándose el polvo—. ¡Sosiéguese, por su madrecita santa! Permítame explicarle qué sucedió. Después haga de mí lo que sea su voluntad.

—¡Desembucha de una vez!

—Anoche, no lejos de aquí, apareció un dragón que dijo superar en fuerza a todos los Curiambros de la Tierra; exigió para sí los tributos que a usted correspondían y, luego de cobrarlos, se tumbó plácidamente en el lecho de una fosa colosal.

—¿Ah, sí? ¡Pues llévame pronto a donde está esa lagartija, que pagará cara, muy cara su osadía!

—Que me place.

Despidiendo humo por las narices, y pestes por la boca, Curiambro siguió al paje hasta el borde de la fosa. Apenas llegaron, el mozuelo echó un vistazo al interior.

—Mire —balbució—: su rival se halla en el fondo, tal como se lo informé.

El esperpento se asomó. Lo que vio hizo que se le revolviera la sangre: ¡abajo se encontraba un dragón idéntico a él!

—Es enorme, ¿verdad? —cuchicheó el paje, espantado—. Mejor vámonos.

Y comenzó a retroceder.

Con el rostro encendido por la cólera, Curiambro respondió que no había en el mundo un ser al que pudiera temerle y, apartando al chico de un manotazo, saltó hacia su adversario sin pensárselo dos veces y bufando con la fuerza de cien toros.

¡ ¡ ¡ P A F ! ! !

Un trompazo resonó en toda la comarca, y miles de gotas salpicaron al paje: ¡el formidable enemigo no era sino el reflejo del propio Curiambro en la superficie de una laguna subterránea!

El monstruo luchó desesperadamente por salir a flote, mas no sabía nadar, como buen dragón, y después de mucho revolverse y no poco patalear, terminó por ahogarse, mal de su grado.

A un gesto del paje, los escribanos surgieron de entre los matorrales. Contemplaron absortos el cuerpo de la bestia, que se hundía poco a poco, y tomaron nota de lo ocurrido. Luego exclamaron vivas en honor del muchacho y lo llevaron en hombros hasta el castillo. Iban a depositarlo con suma delicadeza ante la familia real, pero los muy brutos se tropezaron y lo tiraron sin querer. Pum, zas, pum, rodó el paje. La princesa, que estaba sentada junto a su padre, corrió hacia el mal parado héroe, lo besó en la frente y, hablando con voz clara hacia la concurrencia, anunció que ese hombre intrépido que yacía en el piso sería su marido, a pesar de los moretones.

Dos semanas después cumplió su promesa. Los muchachos se casaron a lo grande y fueron felices...

Bueno, ella más que él. Y es que el esposo, en lugar de ser llamado el Azote de los Dragones o el Caballero del Agudísimo Ingenio, sobrenombres que le venían como de molde, fue bautizado con un apodo completamente inmerecido: Paje de la Aparatosa Caída.

Y con esa pena vivió el pobrecito.

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miércoles 30 de septiembre de 2009

Hasta vino mi "amiguita"

Pues ya pasó. Y no me dolió... tanto. El ego es lo único que traigo abollado, magullado, ninguneado y todo lo malo que termine en -ado. Para compensar semejante vapuleo moral, mis hijas me hicieron un pastel de chocolate exquisito. Dicho pastel ya forma parte de mí a modo de lonja. La fiesta de cumpleaños resultó de lo más animada: mañanitas, tarjetas, regalos (dos discos: uno con tres sonatas para violín, de Brahms, y otro con... ¡el Réquiem, de Mozart!). Cuando estaba por concluir el jolgorio llegó una amiga, delgadísima como siempre, y me dio un abrazo casi erótico. Mi mujer no se puso celosa. Al contrario. Se fue muy tranquila a buscar la cámara. Podría jurar que hasta contenta iba.

Aquí, la foto del abrazo casi erótico:

"Conque cumplimos cuarenta, ¿eh?
¡Ven a mis brazos, papucho!".

Y con esta bonita imagen doy por acabados los festejos.

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viernes 25 de septiembre de 2009

¡Apareció el de los tamales!

"Ya llegaron sus ricos
y deliciosos tamales oaxaqueños...".


No dicen cómo lo encontraron, pero el hecho es que dieron con él: con Elías Zavaleta, la hasta apenas ayer anónima voz de la Ciudad de México. Y esto no es poca cosa. En una ciudad donde veinte millones de fulanos sobreviven apeñuscados unos sobre otros, intercambiando mentadas de madre durante todo el santo día, con lujo de decibelios, que una sola voz sobresalga del conjunto es poco menos que un milagro. Y es una voz buena, una voz grabada que anuncia por calles y avenidas un feliz regreso: no el del Mesías o el de la Copa Mundial, sino el de algo mucho mejor: los ricos y deliciosos tamales oaxaqueños. Para leer la entrevista y oír una grabación reciente hay que pegar un brinco de aquí a Letras Libres.

Buen provecho.

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miércoles 23 de septiembre de 2009

En vez de velitas un cirio pascual

"A los muuuchachos bonitos se las cantamos así...".

No teniendo nada mejor que hacer, he decidido ponerme a contar los días, las horas, los minutos que faltan para que me caiga encima, como losa, el sambenito de cuarentón. A ver: faltan cinco días, diez horas y cincuenta y dos minutos para el ramalazo. Para la caída en desgracia. El próximo 29 atravesaré ese mítico umbral llevando a cuestas algunos dolores lumbares (nada grave: lo que se estila a estas alturas de la vida) y la duda existencial propia del caso: ¿a qué hora acumulé tal cantidad de años, si apenas ayer era un crío? Pero no haré sesudas reflexiones... porque no son lo mío las sesudas reflexiones. De hecho, cumpliré 40 años sin saber bien a bien qué es (o mejor dicho, qué era) lo mío. Ya se me fue el tren y nunca oí el silbato. Ni modo. No me volví sabio ni ducho ni honorable ni productivo ni nada. Una nulidad, como profetizó justamente mi padre cuando le dije que dejaba la carrera a medio hacer; una nulidad, hijo mío. Si en este momento tuviera que hacer una descripción de mí mismo, ésta sería brevísima a pesar de mi ya larga existencia:

A. N. Cuarentón y, no obstante los años, chacotero en activo. Lo único que se toma en serio es el vino tinto.

Achis. Pensándolo bien, no está tan mal.

¡Salud!

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jueves 17 de septiembre de 2009

¿Qué tengo en los ojitos?

El mal llamado autor,
antes de perder el 95% de su personalidad.


Como siempre, el abandono. Este pobre blog ha sobrevivido a la infinita negligencia de su mal llamado autor. Sus dos lectores (los tengo bien contaditos) deben de haber sido monjes tibetanos en alguna otra vida porque... qué paciencia. A ambos dos, como decimos los redundantes, los abrazo y paso a explicarles el porqué del último abandono.

Hace un mes que escribí la penúltima entrada: esa que está allá abajo, condenada ya al olvido cibernético. Desde entonces han pasado muchas cosas, algunas irrelevantes, otras no tanto. Una de éstas fue la decisión largamente demorada de operarme los ojos. La verdad es que soy un sacón mayúsculo. Eso de que te pelen la córnea como si fuera una cebolla y luego te apliquen un rayo láser en el iris me daba cosa. Por otra parte, llevaba más de veinte años dependiendo de unas gafas para ver más o menos bien. Y ya estaba harto. De noche era una verdadera molestia. Algo tan sencillo como ir al baño a humectar la porcelana con mil efluvios ambarinos (orinar, pues) se había convertido en una carrera de obstáculos, en la cual el de la pluma se dedicaba a tirar todo lo que estuviera a su alcance mientras buscaba sus gafas. De no encontrarlas, el susodicho iba probando con los dedos del pie la dureza de cuanto mueble se le atravesaba, profiriendo los consabidos ayes y mentadas que despertaban o-b-v-i-a-m-e-n-t-e a las mujeres con las que el sujeto comparte el hogar, la quincena y sus muchas deudas. Esto le granjeó odios eternos.

En fin, ya estoy cantinfleando y no sé por qué pasé de la primera a la tercera persona sin más aviso: debo de sentirme una especie de Hugo Sánchez. Bueno, la cosa es que me operé los ojos, y durante varios días no pude enfocar los objetos cercanos. Esto, sumado a mi proverbial negligencia, dio como resultado el abandono del que hablaba al principio. Hoy pido perdón a mis lectores (Lorena, Álex, ¿mamá?) y, aunque sé que no voy a cumplir, les prometo solemnemente no volver a hacerlo.

De la operación salí bien. Muchas gracias. Se acabó la miopía. Ahora tengo una vista de 20-20. De águila. Lo único malo, a decir de mis conocidos, es que sin gafas perdí algo de personalidad.

Los más optimistas hablan de una pérdida del 95%.

Los pesimistas, de pérdida total.

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El cirujano diciendo: "Esto no te va a doler".

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martes 18 de agosto de 2009

Y siguen los anuncios...


Sí, mire, la damita, el caballero, con ocasión y motivo de las fiestas patrias que ya merito se nos vienen encima, CIDCLI y empresas de alta calidad ponen a la venta esta bonita monografía rimada e ilustradaaa. ¡Llévese la verdadera historia del Grito de Dolores, a todo colooor! ¡La obra que está causando sensación en los círculos académicos e intelectuales más apretados y exigentes! Que no le digan, que no le cuenten, que no lo traten de penitente. Ésta es la única, la original, la publicada por CIDCLI y empresas de alta calidad. Baratita, baratita, casi al precio del papel y la tintaaa. Llévesela, lléveselaaa. Y para que les vaya tentando el agua a los camotes, ahí le van las biografías de los autores. Qué digo autores. Autoridades en la materiaaa. Mire nomás qué chuladaaa...

DE LOS AUTORES

Maestra Díaz de Mitote. Nació en Dolores Hidalgo, Guanajuato, cuna de nuestra Independencia. Lo primero que hizo al nacer fue dar el grito. Ya mayor, cursó la primaria y la secundaria en la escuela Fiestas Patrias. Tanto le gustó esta escuela, que decidió dar clases en ella y estudió para maestra en la Anormal de Educadoras. Se graduó con honores y de inmediato regresó a su antigua primaria como profesora titular de Historia. El grito es el primer libro que publica, y los críticos esperan ansiosamente que también sea el último.

Por insuperable. No piense usted mal.

Josel. Ilustrador mexicano. Desde niño tuvo mucho talento para el dibujo. Como muestra, véanse todas las bancas, pupitres y paredes de la escuela Fiestas Patrias en que el joven artista dejó una huella imborrable: su primer pincel fue un marcador permanente.


Alonso Núñez. Rimador mexicano y ex alumno de la maestra Díaz de Mitote. "Alonsito", dice ella al recordarlo, "no entendía ni la O por lo redondo". Sigue sin entenderla.

***

Y como un adelanto para los lectores de BALAS DE TINTAAA, si los hay, he aquí las primeras cinco páginas del libro que CIDCLI y empresas de alta calidad ponen a la ventaaa. Admire sus muchos detalles, la damita conocedora, el culto caballero, que de la vista nace el amooor...


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jueves 30 de julio de 2009

Interrumpimos este programa...


... para anunciar el curso de redacción de Ramón Manuel González.

González es un maestro de vocación, y éste es el mayor elogio que puedo hacer de él. No solamente enseña a sus alumnos a redactar: también les transmite una emoción por aprender más, por esforzarse, por volverse orfebres de esa materia prima que es la palabra escrita. No exagero si digo que su curso me cambió la vida. Allí me apasioné por la palabra, y he tenido la suerte de poder vivir de ella y para ella, haciendo un poco de todo: periodismo, publicidad, ficción. Todos los días, cuando escribo algo, las preguntas de Ramón resuenan en mi mente de un modo casi secreto: ¿Es la mejor manera de decirlo? ¿Se entiende? ¿Suena natural? ¿Le sobran palabras? ¿Es correcto este uso? ¿Así se escribe "obcecación"? Porque ésa es otra: mi manía de consultar el diccionario a cada rato también se la debo a Ramón. Y no se digan las constantes visitas a la gramática y la ortografía académicas, libros que considero de cabecera por su benemérita culpa. En fin. Que le debo mucho al hombre. Qué digo mucho. Casi todo.

Alonso Núñez

***

Me enseñó Ramón a usar
menos lápices, más gomas,

a no comerme las comas,

a poner en su lugar

verbos, tildes, frases, puntos,

a pulir, a condensar,

y mil prácticos asuntos.

¡Profesor como Ramón

sólo hay uno en un millón!


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miércoles 29 de julio de 2009

Margarito Ledesma, poeta de Chamacuero

Hace veinte años, poco más o menos, mi padre me regaló un libro de poemas. La edición era rústica, y el título nada complicado: en letras verdes mayúsculas se leía la palabra POESÍAS. Sin embargo, en la mirada de mi padre había un destello guasón.

—¿Nunca has oído hablar de Margarito Ledesma, el poeta de Chamacuero?

—Nunca —le contesté, sorprendido de lo pintoresco de esos nombres.

—Cómo es posible —dijo haciéndose el indignado y me entregó el libro—. Lo publicó un amigo mío, el licenciado Leobino Zavala, hace un montón de años. A ver qué te parece.

Empecé a hojearlo y noté que estaba lleno, qué digo lleno, plagado de notas de pie de página impresas en letra pulguita. A mi padre no se le escapó el gesto y agregó:

—Lo mejor del libro son las notas.

No necesité más explicaciones para empezar a devorar esas POESÍAS. Así "descubrí" uno de los libros más felices, coloridos y desparpajados que he leído. Un libro de cantos rurales que nada tienen de bucólicos. Un libro de entonación pueblerina pero trama universal: en él abundan los desengaños, las envidias, los pleitos, las miradas atravesadas, los chismes, las parrandas a balazos, los desdenes, pero también las amistades sinceras, los compadrazgos alegres, las reconciliaciones... a medias. Un libro, finalmente, de notas aclaratorias a diestro y siniestro: entre estrofas, a medio verso, llegando incluso al extremo de haber notas de las notas.

Iré transcribiendo aquí, por entregas, algunos fragmentos. Espero que sean del agrado del respetable.

Y hablando de respeto, respetaré los usos del poeta pues quién diablos soy yo para andar dizque enmendándole la plana a tan ilustre compatriota. Aclarado lo cual, los dejo en la grata compañía del C. Margarito Ledesma, honra y lujo de Chamacuero de Comonfort, Guanajuato, y de la nación entera:

DOS PALABRAS

Estimados lectores: no vayan ustedes a pensar que yo creo que mis poesías son muy buenas. No son muy buenas; pero tampoco son malas y esta es la causa, razón y motivo por lo que me resuelvo a publicarlas, pues en esta bendita tierra que me vio nacer y donde vi la luz primera hay muchos amigos y hasta algunos enemigos, pues ya saben que a nadie le falta un malqueriente, que nomás están porfiando y porfiando y terquiándome y terquiándome que las publique, y que las publique, y por eso las publico, porque yo creo que no me lo han de decir nomás de por no dejar; sino porque algo muy bueno han de ver y notar en ellas. Si no, dónde ven que me decían nada, pues ya conozco muy bien lo que es la envidia.

[...]

... pero antes quiero advertirles que yo nunca he estudiado en ningún colegio ni he estudiado para hacer versos; sino que esto es una cosa natural y desde muy chico comencé a ver que tenía mucha facilidad y mucha soltura para hacer versos, y así me lo decían todos en mi casa, hasta el señor mi padre (Q. E. P. D.), y por eso me puse a estudiar y a escribirlos, y ahora, viendo que me salen regulares y que mientras más hago me salen mejores y les hallo más el modo, pues por eso me he resuelto a publicarlos y a seguir publicando los que después vaya haciendo.

[...]

DEDICATORIA

Al heroico Chamacuero de Comonfort, a esta tierra bendita que me vio nacer y donde vi la luz primera, a este clamoroso lugar que, al igual de Salamanca y El Guaje, son los pueblos más limítrofes de todo el glorioso y frutífero Estado de Guanajuato y donde resuenan todos mis recuerdos, todas mis esperanzas y todas mis aspiraciones concluyentes de fraternalidad y patriotismo, le dedico esta humilde obra con toda la alma y con tantísimo cariño.

Su inútil servidor.

MARGARITO LEDESMA.
Rúbrica.

DÚO POÉTICO

I

LA PARTIDA

Adiós, Chamacuero hermoso,
ídem, rincón bendecido,
tú que fuiste humilde nido
de aguilucho poderoso.

Adiós, Paraíso encantado,
vergel de sabrosas limas,
a ti van mis humildes rimas
hoy al partir de tu lado.

Con el alma entristecida
y el corazón acongojado,
hoy me alejo de tu lado
como el que pierde la vida.

Y al sentir el desencanto
de separarme de ti,
siento loco frenesí
y he llorado tanto... tanto.

Y triste y desconsolado,
mi alma consuelo no halla...
¡Voy nomás aquí a Celaya,
a un negocio del juzgado!

Y en esa larga semana
que muy lejos de ti estaré,
yo nunca te olvidaré
ni de tarde ni de mañana.*

*Y no digo que tampoco de noche porque en la noche casi siempre se duerme uno y se le olvida todo.

II

EL REGRESO

¡Salud, Chamacuero hermoso!
¡Ídem, rincón bendecido!
Otra vez vuelvo a este nido,
feliz, contento y dichoso.

Al partir, los fieros males
me hirieron con mucho anhelo
y lloré sin un consuelo
en el Empalme de González.

Más tarde la duda ciega
me hirió con su garra fría,
y lloraba todavía
frente a San Juan de la Vega.

Fueron mis lamentaciones
cual de huérfano que grita,
al pasar por Santa Rita
y las otras estaciones.

Pero donde mi alma cobarde
tuvo la mayor batalla
fue al apiarme allá en Celaya
como a las seis de la tarde.

Allí me hirió el dolor fiero
y lloré con frenesí
al acordarme de ti,
¡oh, inolvidable Chamacuero!

Allí, al verme solitario
y tan lejos de tu suelo,
lloré sin hallar consuelo
y hasta pensé en el osario.

Allí, al mirar la distancia
tan inmensa que nos separaba,
la vida se me figuraba
como un sueño de quiromancia.

Pero afortunadamente
hoy vuelvo a tus benditos lares
y de nuevo mis cantares
embalsaman el ambiente.

Y aquí, con honor sincero,
te juró de buena fe
que no te abandonaré,
¡oh, inolvidable Chamacuero!

***

Y luego le seguimos: de este cuero saldrán muchas correas, verdadediós.

***

miércoles 22 de julio de 2009

El regreso del prognato inmortal (II)

Don Pancho Liguori, ahora viendo para el otro lado.

Pongo aquí más perlas extraídas del libro Pancho Liguori, presencia de un poeta en el mundo del humor (LUZAM, Cuernavaca, 2009). Perlas, como la invitación de boda que escribió don Pancho. La cosa estuvo así. El 20 de diciembre de 1968 Liguori se casó con la maestra Gloria Gamiochipi en casa de la poeta Griselda Álvarez. El juez fue el abogado casamentero José María Lozano. De modo que la invitación decía lo siguiente:

A las nueve menos cinco
del día de san Filogonio,
en el ciento ochenta y cinco
del Cerro de san Antonio,
Gloria y Pancho, en audaz brinco,
cometerán matrimonio.
Se beberá con ahínco
y al dar en punto las cinco
todos se irán al demonio.
Griselda será anfitriona,
Chema Lozano es el juez;
se invita a toda persona
que lleve whisky escocés.

Don Pancho no sólo fue un notable versificador sino un hombre de ingenio vivo y alerta. En el citado libro, Díez de Urdanivia recuerda varios chispazos de Liguori:

Cuando los taxis conservaban todavía el castizo nombre de "libres" en una ocasión me encontré a Pancho por Venustiano Carranza [calle céntrica del DF], parado a la orilla de la banqueta:

—¡Me volví librepensador! —dijo.

—¿Cómo es eso?

—Aquí estoy desde hace mucho rato, pensando en un "libre".

***

Cuando en una entrevista se le preguntó si la tendencia epigramática se había relacionado con la bohemia, no titubeó al responder:

—Con la Bohemia, la Carta Blanca, la Corona y la Negra Modelo.

***

También decía Liguori que sentía por cierta señora un "amor platónico".

—Eso es bueno, Pancho —le respondían sus amigos.

—Sí, me la quiero echar al plato.

***

Pícaro consumado, don Pancho cobraba puntualmente sus cheques de "asesor" en no pocas secretarías de Estado. Tantas, que Liguori se llamaba a sí mismo, con desfachatez imperial, "el Carlos V de la burocracia mexicana": en sus nóminas no se ponía el sol.

***

A los parroquianos de la cantina El Nivel (incluido él por supuesto) les endilgó el apodo wagneriano de "los Nivelungos".

***

Sabedor, como Petronio, de que el ironista no está jamás por encima de su objeto de escarnio, Liguori empezó por reírse de sí mismo y al final escribió sin piedad su propio epitafio:

Aquí yace un penitente
de quijada prominente
y que tuvo a bien morirse
pues se le ocurrió reírse
a mandíbula batiente.

***

De inmarchitable espíritu, el viejo Liguori tuvo muy buen oído para registrar el habla juvenil de la Ciudad de México de los años setenta. Prueba de esto son los siguientes versos, versos que por cierto Díez de Urdanivia no incluyó en su libro. Allá él.

CORRE, MOMIZA, CORRE

A la reforma académica
invitó nuestra momiza
y en semántica polémica
irá a terciar la chaviza.
Ésta quiere incorporar
al oficial diccionario
el nuevo vocabulario
y la lengua alivianar
pues dice que el lexicón
en el presente anda moto
y de censura da un voto
porque en esto no hay fijón;
que es demasiado burguesa
la docta corporación,
que es una Academia fresa
y debe entrar en ondón.
Gritan una y otra vez
contra gramatical norma.
Piden: venga la reforma,
porque si no, va de nuez.
Cuestiona el diálogo abierto
y en analógica praxis
ha dejado su sintaxis
sin taxis al aeropuerto.
Y en el augusto recinto
de la anfitriona Academia
al director lo traen finto
pues la reforma no apremia.
En académico afán
dice José Luis Martínez:
"Puertas abiertas están;
agarren ya sus patines".
Y todos se creen quijotes
en una mesa redonda.
¡Oh lingüista, no te azotes
porque ya estás fuera de onda!

***

Y ya que estamos fuera de onda paseando por el reino de juglaría, la próxima semana, distinguidas damitas y caballeros que las acompañan, su blog de confianza BALAS DE TINTA se complacerá en presentar al humilde poeta de Chamacuero, el sin par Margarito Ledesma, hoy injustamente olvidado.

Estén pendientes.

***

domingo 19 de julio de 2009

El regreso del prognato inmortal (I)

Don Pancho Liguori, mandíbula en ristre,
como dice Jorge Saldaña
.

El escritor Fernando Díez de Urdanivia acaba de publicar en Cuernavaca el libro Pancho Liguori, presencia de un poeta en el mundo del humor (LUZAM, 2009). Y está bien. Es el primer paso en el rescate de la obra del gran epigramista veracruzano. Sin embargo, a mi juicio, Díez de Urdanivia abusa de su erudición y ofrece un panorama demasiado amplio del epigrama en México y en general de la poesía burlesca española antes de entrar en materia, es decir, antes de hablar de la vida y obra de Liguori, supuesto tema central del libro. Así pues, don Pancho termina perdiéndose en un bosque muy frondoso y extenso.

Creo que la obra de Liguori, por su equilibrio entre riqueza formal y contenido popular (o de dominio público si se prefiere), no necesita explicaciones tan sesudas. Vaya, si uno se pone a desarrollar doctamente la historia y técnica del octosílabo español, por citar un ejemplo, corre el riesgo de morir de un bostezo.

En el libro en cuestión hay, sin embargo, joyas que aquí reproduzco:

A propósito de los complicados rituales priistas de cada seis años para renovar el gabinete, don Pancho compuso esta especie de himno a las cuitas de un burócrata (él mismo, seguramente): un burócrata que soñaba con tener un amigo o conocido en el nuevo equipo presidencial para, como se decía entonces, seguir viviendo en el presupuesto y no en el error:

LA MUERTE, NEGRA, LA MUERTE

En vísperas de la toma
ya es cuarto para las siete
y en la tele aún no asoma
la lista del gabinete.
Estoy nervioso,
me siento cuete
pues no sé nada
del gabinete.
Oigo entre sueños
un sonsonete
que sólo me habla
del gabinete.
¿Será el ministro
un mozalbete?
¿Y los restantes
del gabinete?
Si los que llegan
me dicen "¡vete!",
ya qué me importa
el gabinete.
Pero si en cambio
se compromete
algún ministro
del gabinete
a darme el fruto
de un buen trinquete,
¡viva el ministro
y el gabinete!
Ya se hace tarde,
ya son las siete
y aún no sé nada
del gabinete.
Esto es muy serio,
no es un juguete:
¡quiero la lista
del gabinete!
¡Me siento enfermo,
voy al retrete!
¡Denme las llaves
del gabinete!

Cuando su fiel perro Eneas murió, don Pancho lo despidió con un delicadísimo epigrama-albur:

Eneas, mi perro querido,
murió y aunque no lo creas
tanto, tanto lo he sentido
que aun estando bien dormido
siento que me lame Eneas.

En sus años de estudiante de Derecho, Liguori intercambió sonetos con uno de sus maestros por los motivos que más adelante se verán:

SONETO RIPIOSO Y BARBERO A PEPE CAMPILLO

Perdona, buen Campillo, al que se atreve
en esta tarde machetera y fría
a musitarte en voces de agonía:
¡pregúntame la ficha diecinueve!

Si ésta mi pena cruel tu pecho mueve
y tu piedad me otorga en este día
un seis que alivie mi amargura impía,
yo lo agradeceré como se debe.

¡Repara en mi semblante cabizbajo!
¡Las lágrimas me salen a fortiori!
¡Apruébame en Derecho del Trabajo!

¡Califícame a priori!
¡Piensa que pide un seis, por lo muy bajo,
éste tu amigo y servidor Liguori!

RESPUESTA A LIGUORI, DEL MAESTRO CAMPILLO

Sé muy bien que en Derecho del Trabajo
aun a pesar de tu amargura impía
y tus tristes lamentos de agonía,
buen Liguori, no cortarás ni un gajo.

Un seis sería demasiado bajo
para aprobar tu pena o tu poesía,
aunque respecto a la materia mía
no te mereces más ni de relajo.

Estudia el "De la Cueva" con unción
por días y por noches a fortiori
si quieres ese seis de aprobación.

Pues cierto estoy, a priori y posteriori,
que sólo es un grandísimo huevón
mi buen amigo y servidor Liguori.

Y, como dicen nuestros amiguitos de la tele, esta historia continuará...

***

martes 14 de julio de 2009

Estampas cuernavaquenses

Fueron diez días con sus noches y me parecieron pocos. Diez días entre muros altísimos, casas multicolores, grafiti furioso y jardines fragantes. Diez días de Cuernavaca y su eterna primavera, su permanente caos, su fiesta inalterable. Qué más puede uno pedir. ¿Qué más? Pues algunas estampas, claro. Un vistazo a los lugares que me rodearon durante esa decena mágica. No está de más decir que como fotógrafo me muero de hambre, y mi cámara es como la que venía en los corn-fleics: me saldrían movidos hasta los cadáveres.

Aclarado lo anterior, comienzo la exposición.

En pleno centro de Cuernavaca, Cortés construyó un palacio y, cuatro siglos después, Rivera se lo decoró. Aquí, "la esquina de los misioneros":


El autor de estas líneas y las herederas de sus deudas, en el citado palacio, viendo hacia el zócalo y el hemiciclo:


Ante ustedes, la ventanilla única (porque es la única ventanilla en el mundo que tiene una mitad bajo tierra):


Talentazo mexica, lo mismo para la publicidad de altos vuelos que para la callejero-popular:



Sí, mire, la damita, el caballero, pase y hágase la foto típica. Llévese un bonito recuerdo de la ciudad. Súbase al caballo de Zapata. No se quede con las ganas...


Y vaya que se queda uno con las ganas. Pero de volver. Yo, por lo menos, si no tuviera tantas aspiraciones pequeñoburguesas, tantas idioteces neoliberales incrustadas en la sesera, me regresaba mañana mismo a Cuernavaca.

Qué digo mañana.

Hoy.

Ay.

***

jueves 25 de junio de 2009

El sagaz doctor Sagan


Si la memoria no me falla, la daban en el canal 5, los domingos, por ahí de 1981 o 1982. Me refiero a la serie Cosmos, del doctor en astronomía y astrofísica (casi nada) Carl Sagan. Una joya y clara muestra de que la tele podría ser el gran vehículo de cultura y educación de nuestra época. Podría. Lo malo es que le apuesta a todo lo contrario: la imbecilidad, la chabacanería, la adolescencia mental propia del siglo XXI, nuestro McMundo papas fritas. Pero no me voy a amargar hablando de la tele-bazofia. Deseo ponderar, o mejor dicho, mostrar aquí la excelencia de esa serie. Volví a verla, casi treinta años después, y me maravillaron no solo los vastos conocimientos de Sagan sino su capacidad de entrelazarlos finamente y narrarlos con una soltura que ya quisiéramos muchos. Como ejemplo, un botón. Espero que, a pesar de la pobreza de mi traducción, lleguen al lector algunos guiños de la riqueza verbal del científico (y de su esposa, Ann Druyan, coguionista del programa). El episodio se titula "La persistencia de la memoria", y en él Sagan habla del que considera el mayor invento de la humanidad, la escritura, y además hace un elogio de esa forma exterior de la memoria que son los libros. He aquí un fragmento:

(En el interior de la Biblioteca Pública de Nueva York).

CARL SAGAN:

Cuando nuestros genes no pudieron almacenar toda la información necesaria para garantizarnos la supervivencia [al evolucionar de los antropoides], fuimos desarrollando poco a poco el cerebro. Pero llegó un momento, hará algunas decenas de miles de años, en que tuvimos que saber más de lo que podíamos almacenar en el cerebro: así pues, aprendimos a acumular cantidades enormes de información fuera de nuestros cuerpos. Somos la única especie en el mundo, hasta donde tenemos entendido, que ha inventado una memoria común. La bodega de esta memoria se llama biblioteca.

[...]

Las bibliotecas también han evolucionado. La biblioteca asiria de Asurbanipal contenía miles de tablillas de arcilla. La célebre biblioteca de Alejandría en Egipto contenía casi un millón de rollos de papiro. Grandes bibliotecas modernas, como la Biblioteca Pública de Nueva York, contienen alrededor de 10 millones de libros. Traduciéndolos a bits [unidades de información], son más de 10 elevado a la 14 potencia: más de 100 billones de bits, y si contamos las imágenes, serían algo así como 10 elevado a la 15 potencia. O sea: más de 10,000 veces el total de bits de nuestros genes. Alrededor de 10 veces el total de información de nuestro cerebro. Si leyera un libro por semana durante el resto de mi vida adulta, y viviera una vida promedio, al final habría leído apenas unos cuantos miles de libros. Nada más. Ni siquiera el 10 por ciento del total de libros de esta biblioteca. El truco está en saber qué libros leer. Pero todos están aquí.

[...]

Qué prodigio es el libro. Ese objeto plano, hecho de un árbol, con partes flexibles en las cuales se imprimen unos simpáticos y oscuros garabatos. Pero basta con echarle un vistazo para estar de pronto en la mente de otra persona. Quizá alguien muerto hace miles de años. A través de los milenios, un autor te habla clara y silenciosamente en la cabeza, directamente a ti. La escritura es tal vez la mayor invención humana. Une a personas que jamás se conocieron. Ciudadanos de épocas distantes. Los libros rompen los grilletes del tiempo. El libro es la prueba de que los humanos somos capaces de hacer magia. Y esta sala está llena de magia.

Así hablaba Sagan, el mago cósmico.

***

bit.

(Del ingl. bit, acrón. de binary digit, dígito binario).

1. m. Inform. Unidad de medida de información equivalente a la elección entre dos posibilidades igualmente probables.


Fuente: Diccionario de la Real Academia Española.

***

miércoles 20 de mayo de 2009

La gala BALAS DE TINTA

Sigue siendo noticia. La semana pasada, este blog se reinauguró oficialmente como BALAS DE TINTA, y para tan alta ocasión se llevó a cabo una cena de gala en el castillo de Chapultepec a la que asistieron miembros de la nobleza, la innoble política, el espectáculo y las artes marciales. He aquí la crónica puntual del acontecimiento, ¡la fiesta del año, queridos!


¿Adónde va Calderón
con esa galana pinta?
A la reinauguración,
la gala BALAS DE TINTA.


La reina leyó un fragmento
de estas BALAS a Felipe
que olvidose de la gripe
y dio muestras de contento.


Calderón leyó en respuesta
un poema que él compuso:
le sonó a la vieja en ruso
y mejor se echó una siesta.

Fue la única cosa mala
que pasó en aquella gala.

Reportó: el Fabiruchis Fuchis.

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lunes 11 de mayo de 2009

Cambio de nombre


Alas de tinta fue un cuento que escribí hace unos años y que terminó merecidamente en el cesto de la basura. Sin embargo, a la hora de tener que escoger un nombre para este sitio, zas, fue el primero que me vino a la mente en un imperdonable arranque de nostalgia y debilidad. Hoy corrijo ese error. Como no tengo la menor intención de mudarme de changarro, en parte por mi natural propensión al mínimo esfuerzo, en parte porque ya le cogí cariño al lugar, solamente le cambiaré el nombre, o mejor dicho, le agregaré un detalle que lo vuelva más combativo y certero, menos cursi y acaramelado. Así pues, Alas de tinta pasa a retirarse: de ahora en adelante solamente retumbarán por aquí Balas de tinta.

A ver si no se me acaba la pólvora en los primeros tiros.

O me salen todos de salva.

***

Posdata del 13 de mayo. Aprovechando que es temporada de cerdos, es decir, de campañas políticas, le haremos a esta bitácora mutante un poco de

PROPAGANDA BARATA

Unos dicen que es de cuarta,
otros dicen que es de quinta:
pero el pueblo no se aparta
de su blog BALAS DE TINTA.

***